Relación compleja el amor de pareja

El amor no se puede objetivar porque cuando el amor es un objeto más, es utilitario y se requiere sólo para satisfacer las necesidades, suplir carencias o tener compañía.
Todos queremos ser amados sin embargo no estamos dispuestos a hacer ningún esfuerzo para brindar amor.
Para lograr un amor verdadero, no alcanzan ni la buena figura, ni la capacidad de empatía ni el magnetismo, porque no se trata de una serie de cualidades que se consideran deseables para ser atractivo sino que consiste más en una disposición, una capacidad, una habilidad que se construye con esfuerzo.

Amar y ser amado no es sencillo porque exige ser capaz de amar al prójimo, ser humilde y confiable, tener fe, ser valiente, constante y emocionalmente estable.
Todos hemos conocido alguna vez la experiencia de intimidad que se produce entre dos personas que casi no se conocen, atraídas por un súbito enamoramiento. Es como un milagro, una sensación de unidad que nos hace creer que por fin pudimos alcanzar lo que tanto habíamos anhelado.
Pero al poco tiempo, al llegar a conocerse mejor, ese milagro comienza a perder su magia y aparece la desilusión y el aburrimiento mutuo que disuelve hasta el último vestigio de la atracción que existía.
El hambre de amor sólo refleja la soledad interior y la necesidad de aferrarse a alguien para no perderse, debido a la falta de superación del ancestral sentimiento de separación, propio de la existencia humana.
Es evidente que cuando el hombre se independiza de los vínculos primarios se torna más intensa en él, la necesidad de huir del sentimiento de aislamiento y encontrar nuevas formas de superar esa soledad interior.
El amor verdadero exige preservar la propia individualidad, permitiendo superar el sentimiento de aislamiento y mantener la integridad del si mismo.
La pasión es una esclavitud y el amor sólo puede existir en libertad, jamás como resultado de una compulsión.
El amor verdadero se caracteriza por la necesidad de dar sin esperar recibir, no con la intención de hacer un sacrificio ni para privarnos de algo que nos pertenece, sino como expresión de fuerza y riqueza.

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Amar y dejarse amar

El amor es lo que más deseamos tener y lo que más deseamos dar. Sin embargo, nadie se da cuenta de que a todas horas está siendo ofrecido y rechazado. Kahlil Gibran.

Una y otra vez observo que las personas que continúan aferradas a patrones de relación de dependencia, control, manipulación, celos y posesividad experimentan sufrimiento y aniquilan el amor. Hombres y mujeres nos estamos dando cuenta de que necesitamos crecer y madurar interiormente. ¿Qué deseamos las mujeres? Sentirnos libres, tomar decisiones, llevar las riendas de nuestra vida. Algunos lo viven como una amenaza cuando lo cierto es que no hay nada que temer, que eso que queremos para nosotras es lo que luego sabremos proporcionar a la pareja: espacio, libertad, intimidad, presencia.

Somos muchos los que deseamos aprender a amar incondicionalmente, conocer el amor verdadero. Con el tiempo he tomado plena conciencia de que necesitamos toda una vida para aprender a amar. Erich Fromm en El Arte de amar escribe sencilla y magistralmente que amar es un arte que requiere paciencia, cuidado, disciplina, responsabilidad y concentración. El amor es honestidad, silencio, conocimiento, respeto, libertad, confianza y entrega, en primer lugar en relación a uno mismo y luego con el otro.

En palabras de Rainer Maria Rilke: “El amor de un ser humano hacia otro: esto es quizás lo más difícil que nos haya sido encomendado. Lo último, la prueba suprema, la tarea final ante la cual todas las demás tareas no son sino preparación”.

Así pues, amar es un arte, una práctica, una disposición. No se trata de “encontrar el amor”, como muchos creen, sino de aprender a amar. Se dice: “No me quieras tanto, quiéreme mejor”, y en verdad sería bueno convertirnos en comprometidos aprendices del amor en vez de quejarnos, reprochar, reclamar, coaccionar, celar. Hoy por hoy, si estamos solos o vivimos relaciones no correspondidas, conflictivas o tormentosas, si aún perseguimos o huimos de alguien, si nos molestan actitudes o comportamientos del otro significa que continuamos proyectando y resistiéndonos a partes propias, seguimos sin amarnos completa y profundamente, continuamos oponiendo resistencia al flujo de la Vida. Para amar es necesario aceptarse, ser auténtico y estar conectado, lo que favorece aceptar y apreciar al otro como es, sin intentar cambiarlo o mejorarlo.

Léelo todo en: https://ascensionbelart.wordpress.com/2015/01/27/amar-y-dejarse-amar/