La fuente

Tras la noticia

(historia de unos tacos que se quedaron en el comal)

Fabián Robles Medrano

La vertiginosidad cotidiana de los hechos obliga a los periodistas a tomar decisiones que representan desafíos éticos harto difíciles –pero sobre todo responsables- para el ejercicio de este oficio. La disyuntiva entre no actuar y cómo actuar en determinados casos demanda decisiones inmediatas, acaso impulsadas por el simple olfato de reportero que debe tener toda persona que se dedique a esto que se es: piel de todos los días.

Lo anterior viene a colación porque a Erick Fernández Dávila, gerente de FM Centro de Apizaco y conductor de la segunda emisión de Centro Informativo, le tocó vivir el dilema de preocuparse y ocuparse por un hecho en el que se vio involucrado de manera involuntaria, o perseguir la nota…literal.

La historia es la siguiente, en versión ejecutiva:

Por antojo de su vástago y en compañía de su esposa, la noche del domingo Erick salió de su hogar y enfiló a una populosa taquería, allá por el rumbo de la salida de Apizaco a Muñoz. Estacionado su auto, su consorte apenas bajaba el pie derecho cuando por el retrovisor nuestro compañero vio cómo una camioneta de pasajeros embestía a un vocho, el cual salió proyectado hacia un vehículo Fiesta que, a su vez, pegó en la defensa trasera del coche del comunicador.

Pese al fuerte golpe, el conductor de la unidad 10 de la empresa Transportes Barranco emprendió la huida rumbo a Muñoz de Domingo Arenas; zigzagueante a lo ancho de la carretera, y a punto de provocar otro accidente, el chofer Alberto Ortega Hernández avanzó un trecho hasta que, en una maniobra mal calculada, volcó en la entrada a la colonia Morelos.

Detenida su loca carrera, el transportista se apresuró a bajar de la unidad y comenzó a correr sobre la cinta asfáltica hasta que las piernas ya no aguantaron más y cayó para segundos después ser detenido por elementos de la policía.

Sin importarle el golpe a su auto, Erick documentó en video la huida del chofer que se encontraba ebrio. Y corrió tras él a prudente distancia, previo aviso al 911 y sin perder comunicación con la operadora de éste, a fin de mantener informados a los cuerpos de seguridad de la ruta seguida.

Detenido el (i)rresponsable del percance, el periodista regresó al lugar del choque. Personal del servicio de grúas hacía ya su trabajo para llevarse a los autos afectados: el vocho con la parte trasera destrozada, sin la llanta del lado izquierdo y el cofre incrustado en la cajuela del Fiesta. Tres lesionados, no de gravedad afortunadamente, fue el saldo.

Sin el afán de crear un superhéroe ni un mártir, es obligado decir que Erick hizo caso a su instinto periodístico para documentar este hecho. Si hubiera –a sabiendas que este vocablo es un tiempo verbal en el que se acumulan los fracasos- optado por quedarse a resolver el pequeño golpe de su automóvil y saber lo sucedido con los dueños de los otros dos vehículos, esta historia no existiría con lujo de detalles, y tal vez el chofer hubiera huido sin pagar por lo que hizo (de esto último se encargarán las instancias respectivas).

En el sitio web Sala de Prensa, quienes saben de cuestiones éticas en el periodismo refieren que, lo fundamental de éstas, radica en informar veraz, exacta, amplia y oportunamente; investigar e interpretar y opinar desde el interés público (del pueblo, de la sociedad civil, de los ciudadanos, del bien común de la sociedad); difundir, exigir y defender de manera proactiva los derechos y deberes personales y colectivos.

Creo que, con su actuar el pasado domingo, Erick cumplió con esos principios, pues nunca pensó en aplicar la ley del Talión ni en buscar el reconocimiento público. Sólo se preocupó y ocupó en obtener –y compartir- esta exclusiva sin importar los riesgos –que los hubo- y sin importar el daño de su auto (que para esto está la aseguradora).

En redes sociales hubo un reconocimiento casi generalizado a la cobertura periodística que hizo nuestro compañero. Y digo casi porque hubo una persona que no estuvo de acuerdo y salió en defensa del conductor de la unidad de transporte público.

Sobre el dilema de qué debe hacer un reportero en caso de alguna emergencia, es decir si responder al llamado de nuestra vocación periodística o hacer las veces de socorrista sin tener conocimientos en la materia, encontré un caso más o menos parecido en el consultorio ético que dirige el afamado colombiano Javier Darío Restrepo.

La pregunta del colega bogoteño Santiago Ramírez fue la siguiente: “Leí sobre un estudiante de periodismo que apagó su cámara y se puso en el papel de rescatista. Sin quitarle mérito a la ayuda, ¿fue ético lo que hizo? ¿No están para eso los socorristas y la policía?”

Esta fue la respuesta de Darío Restrepo, siempre bien fundamentada, de la cual podemos inferir que el periodista puede decantarse por cumplir con su papel o asumir otro aun sin estar preparado para ello, aunque siempre lo mejor es hacer lo que nos corresponde:

“Escribió Kant sobre el ser ético y lo describió como ser legislador de sí mismo. Es una descripción que descarta la heteronomía de lo ético, – es decir que procede de agentes externos- y que, en cambio, enfatiza su autonomía. Uno es ético por decisión propia, no por imposición ni por presión desde afuera.

“Todo este párrafo para afirmar con fundamento que en ética nadie es juez de nadie, salvo de sí mismo. Esto nos permite concluir que el periodista que se convirtió en socorrista, abandonando sus tareas informativas, debió tener razones para hacerlo que solo él conoce y que a él y solo a él le permiten juzgar su conducta.

“En esas razones cabe todo: desde el motivo más noble: salvar vidas humanas que sin su ayuda se habrían perdido, hasta la trivialidad de hacer el héroe para ser reconocido. Entre esos dos extremos habría otras razones con las que se podría explicar el súbito cambio de rol profesional.

“Otra cosa es lo que él tendría que explicar a sus jefes que esperaban de él un trabajo específico. Pero esto pertenece a una esfera distinta de lo ético.

“En el interior de su conciencia este periodista, sólo este periodista, sabe si hubo o no razones suficientes para cambiar su actividad profesional que claramente le indicaba que el periodista también ayuda, pero de otra manera, con la fuerza y el influjo de la información.

“Es fundamental que el periodista tenga conciencia de que en la cobertura de una catástrofe o de una emergencia la prensa cumple una importantísima función social que debe ejercer con la mayor responsabilidad. Los medios constituyen uno de los principales sitios a los que recurre la población en busca de información que pueda significar un alivio, a su situación.

“Es preciso que el periodista tenga presente que la información que proporcione podrá contribuir, por ejemplo: a llevar tranquilidad a los damnificados y a sus allegados; a prevenir consecuencias más serias; a orientar a los afectados en la recepción de la ayuda; a canalizar los aportes solidarios dela población; a evitar que se agrave el caos propio de estos desastres; a señalar los grupos humanos o sectores que aún no fueron asistidos; a hacer públicas las propuestas para paliar la situación.

“La responsabilidad en el ejercicio de la función social de la prensa durante las emergencias no implica de ningún modo que el periodista sea quien evalúe cómo llevar tranquilidad a los afectados, cómo prevenir efectos más serios, cómo evitar que se agrave el caos, cómo canalizar la ayuda solidaria, etc. Por más que se haya perfeccionado en la cobertura de catástrofes, el periodista no es un experto en defensa civil. Atento a las posibilidades y oportunidades que se le presenten de ser útil en esta coyuntura, siempre deberá acudir a los especialistas y fuentes directas que están trabajando en la emergencia”. (Hasta aquí, la cita textual)

Literal: Erick persiguió la noticia…todo por unos tacos.

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